Prehistoria

La historia de Leitza ha sido extensa y son muchos y muy variados los indicios que nos ha legado. Los vestigios más antiguos datan de la prehistoria, más exactamente de alrededor del año 4.000 a.C., que corresponden al dolmen de dos cámaras situado en Mendibil. Les siguen en antigüedad los crónlech de Urdola, datados hacia el año 2.000 a.C. Pero no son los últimos indicios que nos advierten de la presencia humana en la prehistoria. Prueba de ello son, por ejemplo, las sepulturas de Atxintxa, Azerilar, Azpalategi, Bi Ahizpen Sepultura, Esitu, Igolitz, Lizarrain y Orin.

Referencia escrita

Tras este breve repaso por la prehistoria, debemos mencionar la referencia escrita más antigua que hasta ahora se ha conocido sobre Leitza y que procede de la época del entonces rey del Reino de Pamplona, Sancho el Mayor (1004-1035). La copia más vieja de este documento que se conserva actualmente data del siglo XIII, y se encuentra en el archivo de la catedral Pamplona. Este documento consta de dos partes: en la primera, están inscritas las propiedades de la catedral de Pamplona, y en la segunda, se describen los límites de la diócesis de Pamplona. En esta última, se mencionan Leitza y Areso junto con otros valles entre Belate y Gipuzkoa. Según el documento, Leitza formó parte de la diócesis en época de Sancho el Mayor, por lo menos legalmente. De todas formas, se podría dudar de la veracidad de dicho documento. Puede que algunas de sus partes sean auténticas, pero también cabe la posibilidad de que fueran falsificadas posteriormente, pues a principios de siglo XI no era habitual realizar descripciones concretas de las diócesis.

El siguiente referente escrito proviene de 1192, cuando Leitza y Areso, actualmente segregados, formaban un solo municipio y recibieron un fuero de manos de Sancho VI el Sabio. Entre los años 1192 y 1194 el rey de Navarra concedió dieciséis fueros en las comunidades de agricultores, y los de Leitza y Areso se encontraban entre ellos.

Fueros

Según dicho fuero, los habitantes de Leitza y Areso debían pagar dos censos. El primero y más importante era la petxa (impuesto), y en el mismo documento se cita que el rey de Navarra impuso a los agricultores el impuesto de cuatro monedas por casa. De ello se deduce que, por un lado, en Leitza y Areso la cantidad a pagar correspondía a cada casa; y por otro, que los habitantes de estos pueblos realizaban el pago con monedas. Lo anterior está ligado al hecho de que eran pueblos ganaderos, y que por su actividad conseguían dinero (vendiendo animales y productos derivados de ellos...). De hecho, las mujeres y hombres de Leitza y Areso pagaban la petxa la última semana de mayo, algo totalmente ligado al ciclo natural de la actividad ganadera, pues los animales de forraje paren en primavera y los animales llevados a lugares más bajos a pasar el invierno, a finales de mayo los volvían subir al monte.

De igual modo que en otros fueros de la zona de la montaña, en el de Leitza y Areso se regulaba el pago correspondiente a las mujeres cabeza de familia de una casa. Según lo expresado en el fuero, aun siendo la mujer viuda si vivía algún hombre en la casa, la dueña debía pagar la petxa completa. Pero en el caso de las viudas sin ningún hombre en la casa, pagaban la petxa completa entre cuatro mujeres. Ese debía ser el procedimiento habitual para regular el pago.

Por otro lado, en el mismo documento se puede comprobar que la petxa no era la única carga fiscal que el rey imponía a los habitantes de Leitza y Areso. También se confirmó el cobro del impuesto sobre el ganado en los dos pueblos, al igual que en otros pueblos de la montaña de Navarra. Los habitantes de alguno de estos pueblos que criaran cerdos, todos los años hacia el 30 de noviembre, día de San Andrés, debían donar un animal. El hecho es que con este privilegio, se regulaban circunstancias de fraude producidos por la situación Por esa razón, si los habitantes de estos pueblos forales mantenían en sus tierras ganado de alguien de fuera, estaban obligados a pagar la quinta parte.

Ésta no fue la única expresión hallada en la concesión foral en torno al ganado. El monarca de Navarra cedió a los habitantes de Leitza y Areso el derecho de pastar libremente en sus tierras. No era un derecho habitual, y de entre los pueblos que recibieron pequeños fueros solamente les correspondió a Leitza y Areso.

Tras describir los pagos de los censos, se puede comprobar que la justicia también ocupa su sitio en la concesión del fuero. Según se expresa en el documento, la administración de justicia estaba en manos del rey y de sus oficiales. Ellos eran quienes tenían la facultad y la obligación de multar a los habitantes de los pueblos, incluidos Leitza y Areso. Las multas más remarcadas en este fuero eran las conocidas como calonias y homicidium, cuyo objetivo era castigar las muertes por accidente y los homicidios.

El siguiente escrito donde aparece el pueblo de Leitza corresponde a la época de la batalla de Baeza (Jaén), el día de San Andrés de 1227. Varios vecinos de Leitza fueron a luchar a dicha batalla junto a Lope Díaz de Haro, señor de Bilbao. Y como agradecimiento al apoyo ofrecido el señor de Bilbao donó a Leitza un escudo parecido al de Bizkaia, pero con un único lobo en lugar de los dos que aquél contiene.

Edad Media

Tal y como se puede comprobar en el contenido de la concesión del fuero de Leitza y Areso, en aquella época la ganadería tenía mucha importancia en el territorio, pero sin dejar a un lado la agricultura ni, sobre todo, la industria, basada fundamentalmente en las ferrerías, de las que todavía nos quedan algunos vestigios: Astibia, Eskibar, Urto, Ibero, Irizabal, Matxain, Olaberria, Errezuma, Sarasain y Urdinola son un ejemplo de ello. De aquellas ferrerías se obtenía hierro y clavo, generalmente dirigidos a la flota mercantil. Continuando en la Edad Media, es de reseñar el papel que jugó la ubicación del pueblo de Leitza. Al estar situado en el límite entre Navarra y Gipuzkoa, la monarquía de Navarra intentó protegerlo. Para ello era imprescindible el mantenimiento del castillo de Leitza. No obstante, el propósito de proteger el territorio no calmó del todo la situación existente. Este hecho queda reflejado en un documento datado en el año 1321, donde se nombraba la zona como "frontera de malhechores", argumentando que los vecinos de allí llevaban a cabo muchos hurtos valiéndose de la ubicación del territorio. Los problemas limítrofes se prolongaron durante muchos años.

Este tipo de peleas también ocurrieron en el siglo XV. En aquel entonces, Leitza se encontraba en los límites entre los reinos de Navarra y de Castilla, y a consecuencia de ello soportó las secuelas de las luchas entre los reyes de dichos territorios. En el año 1429, los castellanos destrozaron el pueblo, y durante ochos años Leitza estuvo en manos de Castilla, hasta que en 1437 volvió a integrarse en el reino de Navarra. Aunque durante algún tiempo la situación se calmó, en 1444 volvió a prenderse el conflicto y otra vez quedó el pueblo destruido.

De todas formas, no se puede olvidar que Leitza también luchó contra el reino de Castilla fuera de su territorio, como por ejemplo en defensa del reino de Navarra en la batalla de Noain de 1522, decisiva en la pérdida de la independencia de Navarra.

Segregación de Leitza y Areso

Avanzando en la historia, ocurrió un proceso que condicionó totalmente el desarrollo del pueblo: la segregación de Leitza y Areso, en el año 1770. Como consecuencia, el número de habitantes del pueblo de Leitza se redujo. Pero la separación no fue la única causa de tal pérdida. En aquella época se activaron varias guerras en los alrededores (la Guerra de la Convención, las Carlistadas...), que hundieron a los habitantes en la cruda miseria y causaron muchas pérdidas entre los vecinos. Asimismo, algunos decidieron huir del pueblo por diversas razones: a por trabajo en los Altos Hornos de Bizkaia, emigrar a América en busca de una vida mejor... Ese descenso es notable si nos fijamos en las cantidades: en el año 1800 tenía 1.724 habitantes y para 1880, se descendió a 1.399.

Fue entonces cuando el número de vecinos comenzó a aumentar y durante el siglo XX se consiguieron en Leitza las cantidades demográficas más altas. ¿Cuáles fueron los factores que incidieron en dicho aumento? El fortalecimiento del hierro, el tren del Plazaola (pasaba por el pueblo y funcionó hasta 1953), la instalación de la papelera... Ésta última ha sido durante muchos años la base de la economía del pueblo, y actualmente lo sigue siendo, y aunque se haya reducido el número de trabajadores, todavía son varios cientos los que trabajan en ella.